El diálogo es poderoso cuando decimos lo que pensamos y sentimos con la confianza de que seremos respetados.
Para que este juego sea una experiencia inolvidable recomendamos que todas las personas se comprometan a seguir nuestro acuerdo de conversación.

Preguntas frecuentes
Dialogar no es debatir. En nuestros espacios buscamos compartir y comprender, no convencer y ganar.
Hacemos explícito el gesto de dar y recibir la palabra porque en la conversación el cuidado se juega a través de ella.
Conversar es sentir porque nuestras palabras están cargadas de emociones. Expresar miedo, ira, tristeza o indignación es bienvenido siempre en el marco del respeto.
La escucha del oyente es tan importante como la palabra del hablante. Estar presente, con la mente y con el cuerpo, es un acto de generosidad que honra la vida y el camino de los demás.
Las personas merecemos respeto, las ideas, a veces, tienen que ganárselo.
La ética del diálogo es una invitación a la coexistencia entre diversas formas de pensamiento y experiencias de vida. La amistad puede crecer en medio de la diferencia.
No es coincidencia la semejanza entre conversación y conversión. Si bien el diálogo no pretende convencer, en él se abre la oportunidad de transformar nuestras ideas y, por lo tanto, nuestra vida.